La decisión del Gobierno de elevar al 15% el corte obligatorio de bioetanol en las naftas generó fuertes cuestionamientos en la industria automotriz y tensiones con las petroleras. Advierten problemas de compatibilidad, mayor consumo y costos operativos, aunque el cambio busca contener el precio de los combustibles.
El cambio normativo, formalizado por la Secretaría de Energía a cargo de María Carmen Tettamanti, modifica parámetros técnicos clave y eleva el límite de oxígeno permitido en los combustibles. La decisión apunta a reducir costos ante el fuerte encarecimiento del petróleo internacional y contener el impacto en los precios en surtidores.
Sin embargo, desde el sector automotor advierten que cuanto mayor es la proporción de biocombustibles en la mezcla, mayores son los riesgos de incompatibilidad técnica y pérdida de eficiencia en los motores. Las terminales ya habían fijado un límite del 10%, mientras que las refinadoras venían operando en torno al 12%, ahora oficializado en un máximo del 15%.
Entre los principales perjudicados aparecen, en primer lugar, los fabricantes de vehículos, que sostienen que mezclas superiores al 10% pueden afectar el rendimiento kilométrico, incrementar el consumo y generar complicaciones en componentes sensibles como inyectores y filtros.
También se ven impactados los usuarios, especialmente quienes poseen vehículos más antiguos. En estos casos, el mayor contenido de bioetanol puede provocar desajustes mecánicos o exigir mantenimientos más frecuentes. Aunque los autos más modernos están preparados para adaptarse mediante ajustes electrónicos, igualmente pueden registrar un consumo levemente superior.
En paralelo, las grandes petroleras —como YPF, Shell y Axion Energy— también manifiestan reparos. Si bien el bioetanol puede abaratar costos frente al petróleo importado, advierten sobre mayores exigencias logísticas, inversiones adicionales en refinación y posibles desvíos en la calidad del producto final.
Desde el punto de vista técnico, el bioetanol presenta ventajas y desventajas. Por un lado, mejora el octanaje del combustible, lo que puede ser positivo para el desempeño del motor. Pero, por otro, tiene menor densidad energética que la nafta fósil, lo que se traduce en un menor rendimiento por litro y, en consecuencia, mayor consumo.
Además, su capacidad para absorber humedad y contaminantes puede derivar en acumulaciones indeseadas dentro del sistema de combustión, afectando el funcionamiento a largo plazo.
No obstante, desde el Gobierno defienden la medida por su impacto en la balanza energética. Con el barril de petróleo en torno a los US$100, el uso de bioetanol —más competitivo— permite reducir importaciones y ahorrar divisas. De hecho, el corte al 12% aplicado durante 2025 generó un ahorro estimado de US$619 millones.
En este contexto, la suba al 15% aparece como una herramienta coyuntural para mitigar el impacto del contexto internacional, aunque profundiza las diferencias entre los sectores productivos y deja abierta la discusión sobre los límites técnicos y económicos del uso de biocombustibles en Argentina.