La tensión en Asia Central sumó un nuevo capítulo bélico. Pakistán lanzó bombardeos aéreos sobre posiciones en el este de Afganistán, mientras que desde Kabul denunciaron un alto costo humanitario tras días de enfrentamientos transfronterizos.
Ataques sobre Jalalabad y la base de Bagram
Fuentes de seguridad informaron que los bombardeos alcanzaron instalaciones en Jalalabad, donde —según la versión paquistaní— fueron destruidos un depósito de municiones y un almacén de drones.
Además, la Fuerza Aérea de Pakistán confirmó un ataque contra la base aérea de Base aérea de Bagram durante una operación realizada el domingo.
Desde Kabul, el portavoz del Ministerio de Defensa afgano, Enayatullah Khwarizmi, reconoció el bombardeo sobre Bagram, aunque aseguró que no se registraron víctimas ni daños significativos. También subrayó que Afganistán no considera la guerra como el mecanismo adecuado para resolver el conflicto.
La versión de Islamabad
El ministro federal de Información y Radiodifusión de Pakistán, Attaullah Tarar, afirmó que las fuerzas de su país repelieron múltiples ataques transfronterizos en las provincias de Baluchistán y Khyber Pakhtunkhwa, y que al menos 67 milicianos afganos murieron en esos enfrentamientos.
Islamabad sostiene que las operaciones fueron respuestas defensivas frente a incursiones armadas desde territorio afgano.
El saldo humano denunciado por Kabul
El portavoz adjunto del Gobierno afgano, Hamdullah Fitrat, presentó un balance mucho más grave del impacto de los bombardeos.
Según detalló, entre el 21 de febrero y el 2 de marzo murieron al menos 110 civiles —entre ellos 65 mujeres y niños— y otras 123 personas resultaron heridas por ataques aéreos y disparos de mortero.
A las víctimas se suman daños materiales considerables: 353 viviendas total o parcialmente destruidas, un centro de salud afectado y una escuela dañada.
Escenario de creciente tensión
Las relaciones entre Afganistán y Pakistán atraviesan uno de sus momentos más delicados en los últimos años. En los últimos días se registraron intercambios de disparos y acusaciones cruzadas sobre incursiones armadas y respaldo a milicias.
La nueva escalada agrega presión a una región ya marcada por conflictos activos y aumenta la preocupación internacional ante la posibilidad de una confrontación más amplia y sostenida en la frontera.