Teherán negó contactos directos con enviados estadounidenses en Islamabad, mientras Washington insiste en avanzar hacia un acuerdo en medio de tensiones geopolíticas.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, aseguró que no existe ningún encuentro programado con representantes de Washington. Según explicó, el canciller Seyed Abbas Araghchi, ya presente en Pakistán, mantendrá únicamente reuniones con autoridades locales en el marco de la mediación.
La postura iraní contrasta con las declaraciones del presidente Donald Trump, quien había confirmado el envío de sus asesores Steve Witkoff y Jared Kushner para avanzar en conversaciones directas. El mandatario incluso afirmó que Teherán estaba “haciendo una oferta” y que existía margen para alcanzar un acuerdo.
En este contexto, Pakistán mantiene su rol como mediador, aunque fuentes diplomáticas indican que los contactos podrían desarrollarse de forma indirecta, con intercambio de propuestas sin una mesa bilateral formal.
La actual situación refleja un escenario de alta volatilidad, donde los gestos diplomáticos conviven con señales de endurecimiento. En paralelo a los intentos de diálogo, Estados Unidos intensificó las sanciones económicas contra Irán y mantiene la presión militar en la región.
Uno de los puntos más sensibles continúa siendo el estrecho de Ormuz, clave para el comercio global de petróleo y gas. La tensión en esa zona genera preocupación en los mercados energéticos y aumenta los riesgos de impacto en la economía mundial.
Desde Washington, el secretario de Defensa Pete Hegseth ratificó que la presión continuará “el tiempo que sea necesario”, en una estrategia que combina negociación y coerción para forzar cambios en la postura iraní.
Por su parte, Teherán busca mantener una posición cautelosa, evitando validar públicamente un canal directo bajo presión, mientras avanza en contactos regionales que incluyen también escalas en Omán y Rusia.
En este contexto, la mediación en Pakistán aparece como una vía posible pero aún incierta, atravesada por desconfianzas históricas, intereses estratégicos y un delicado equilibrio entre diplomacia y confrontación.