El Gobierno de Javier Milei confirmó la salida del representante iraní tras declararlo “persona non grata”, en medio de una fuerte escalada diplomática con Irán.
La salida fue confirmada por el canciller Pablo Quirno, quien informó que el diplomático dejó el territorio argentino en cumplimiento de la decisión oficial de declararlo “persona non grata”, una medida de fuerte peso en el ámbito internacional.
El conflicto se desató tras la difusión de un comunicado de la embajada iraní en Uruguay, en el que se cuestionaban duramente decisiones del Gobierno argentino, en particular la inclusión de la Guardia Revolucionaria Islámica en el listado de organizaciones terroristas.
Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto argumentaron que esas declaraciones contenían acusaciones “falsas, ofensivas e improcedentes” y constituían una injerencia en asuntos internos del país, lo que derivó en la inmediata expulsión del diplomático.
La decisión marca un endurecimiento de la política exterior argentina bajo la gestión de Milei, en línea con su posicionamiento internacional cercano a Estados Unidos e Israel, en un contexto de alta tensión geopolítica con Irán.
Además, el Gobierno considera que esta medida representa un paso previo a una posible ruptura de relaciones diplomáticas con Teherán, en un escenario que profundiza el distanciamiento entre ambos países.
En paralelo, la designación de la Guardia Revolucionaria como organización terrorista implica consecuencias concretas, como el congelamiento de activos y la prohibición de operar en el sistema financiero argentino.
Desde Irán, la respuesta no tardó en llegar. Las autoridades calificaron la decisión como un “error estratégico” y advirtieron que afectará seriamente las relaciones bilaterales, además de cuestionar el alineamiento internacional del Gobierno argentino.
En este contexto, la Argentina volvió a poner sobre la mesa su histórica posición respecto a los atentados contra la AMIA y la Embajada de Israel, recordando que altos funcionarios iraníes cuentan con pedidos de captura internacional por su presunta participación en esos hechos.
La escalada diplomática abre un escenario de incertidumbre en las relaciones exteriores del país, con un conflicto que podría derivar en una ruptura total de vínculos con Irán.