El cura argentino Gabriel Romanelli aseguró que la tregua redujo los bombardeos en la Franja de Gaza, pero alertó que la crisis humanitaria sigue siendo extrema por la falta de asistencia sostenida.
“El escenario está un poco mejor porque cesaron los bombardeos constantes, pero eso no significa que la situación esté bien”, explicó. Según relató, los enfrentamientos no se detuvieron por completo y el riesgo sigue siendo parte de la vida cotidiana. La cercanía de zonas militares hace que los proyectiles, esquirlas y disparos sigan afectando a la población civil.
Romanelli advirtió que el principal problema hoy es la crisis humanitaria. “Las ayudas no están llegando de manera consistente y eso agrava todo”, señaló. En ese sentido, remarcó que la asistencia internacional resulta insuficiente frente a una población con necesidades crecientes.
El sacerdote describió un panorama de devastación estructural en Gaza: viviendas destruidas, ausencia de servicios básicos y un colapso total de la infraestructura. “No hay sistema eléctrico desde hace más de dos años, el sistema sanitario está destruido y el acceso al agua potable es extremadamente limitado”, detalló.
A esto se suma una situación económica prácticamente paralizada. El acceso al dinero es mínimo y la actividad comercial es casi inexistente, lo que dificulta aún más la subsistencia diaria. “Hay un solo banco para millones de personas y no entrega efectivo”, explicó.
En este contexto, la comunidad local intenta sostener redes de asistencia. Romanelli destacó el trabajo que realizan desde la parroquia, brindando ayuda no solo a cristianos sino a toda la población. También alertó sobre el impacto en la educación: miles de niños no tienen acceso a materiales básicos y los docentes trabajan sin remuneración.
Pese al nivel de violencia, el sacerdote aseguró que no percibe un clima de odio generalizado. “La gente no quiere venganza, quiere que esto termine”, afirmó. Según su visión, el desgaste emocional es profundo y generalizado en una población que ha perdido familiares, hogares y medios de vida.
Además, cuestionó los planes de reconstrucción a largo plazo sin soluciones inmediatas. “Hablan de ciudades nuevas, pero no llega agua, electricidad ni medicamentos”, planteó, subrayando la urgencia de asistencia concreta en el corto plazo.
Romanelli, que vive en Gaza desde 2019, reafirmó su decisión de permanecer en el territorio a pesar del peligro. “Nadie me obliga a estar acá, pero veo la necesidad. En esta circunstancia, aquí está mi lugar”, concluyó.