Estados Unidos envía miles de marines al estrecho de Ormuz para intentar reabrir el paso petrolero bloqueado. La escalada militar eleva la tensión global y dispara los precios del crudo.
Según fuentes oficiales, el Pentágono ordenó el traslado de la 11ª Unidad Expedicionaria de Marines desde San Diego a bordo del buque USS Boxer, que se sumará a la 31ª MEU, actualmente en camino desde Japón en el USS Tripoli. En total, el operativo involucra a unos 2.500 efectivos, con posibilidad de ampliarse.
La decisión responde a la creciente preocupación de la Casa Blanca por el impacto global del cierre del estrecho, una vía clave por donde circula cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado del mundo. La interrupción del tránsito ya provocó un fuerte aumento en los precios internacionales: el crudo Brent se ubicó en torno a los 110 dólares, con una suba cercana al 50% desde el inicio del conflicto.
El presidente Donald Trump volvió a presionar a sus aliados de la OTAN, a quienes criticó por no involucrarse en la reapertura del paso marítimo. “Se quejan de los altos precios del petróleo, pero no quieren ayudar”, afirmó, en un mensaje con tono confrontativo.
En paralelo, Washington evalúa distintos escenarios operativos que incluyen desde misiones de seguridad marítima hasta eventuales desembarcos en territorio iraní o en puntos estratégicos como la isla de Jarg, clave para la exportación de crudo.
El conflicto también impacta en la infraestructura energética regional. Se reportaron ataques con drones a instalaciones petroleras en Kuwait y daños en yacimientos de gas, lo que agrava el temor a una interrupción prolongada del suministro energético global.
Por su parte, países europeos como Alemania, Reino Unido y Francia manifestaron su disposición a garantizar la seguridad en la zona, aunque condicionaron cualquier intervención a un eventual cese de hostilidades.
El despliegue militar se produce en un contexto de creciente tensión geopolítica y presión interna en Estados Unidos, donde el aumento de los combustibles y el rechazo a una eventual intervención terrestre podrían tener impacto en el escenario político.
Mientras tanto, analistas advierten que, incluso si el conflicto se desescala en el corto plazo, las consecuencias sobre el mercado energético global podrían extenderse durante meses, consolidando un escenario de alta volatilidad e incertidumbre.