Desfile de Atelier Versace en París

Donatella define la diferencia entre la Costura de alfombra roja y el estilo como placer personal y costumbre social.


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Nos fascina esta exposición del Palais Galliera de París llamada La Mode Retrouvée [La moda reencontrada], que captura en negativos descoloridos la encantadora vida de esta gran dama, admirada por Marcel Proust y adorada por los diseñadores. Se puede contemplar el delicado trabajo artesanal de los vestidos que se exponían tendidos en mostradores de cristal. Donatella Versace no tiene culpa de que la delicada exposición, tan hábilmente comisariada por Olivier Saillard, haya llamado nuestra atención mucho más que su show de Costura. En el backstage, Donatella dijo que se había inspirado en la mujer fuerte y en los deportes de montaña, lo que tradujo en forma de modelo vestida con un traje pantalón blanco como la nieve adornado con cintas de neón, cordones hechos de cuentas de cristal y en suficiente piel al aire como para morirte de frío en los Alpes nevados. Esta visión deportiva fue rápidamente sustituida por los vestidos Versace, largos, con aberturas a un lado para dejar ver la pierna en toda su extensión, o cortos, materializados en minivestidos con inserciones de tejido de malla, como si se tratara de sirenas sexies. Rita Ora, una de las celebridades del front-row, llevaba un vestido rojo de red que dejaba ver su piel llena de tatuajes. La pasada temporada de Alta Costura, Versace parecía haber ganado en frescura en su colección de Atelier. Pero para el verano de 2016 ha vuelto al eterno panorama de “eventos”, donde todo, desde las cuerdas de cristales hasta los cortes y aberturas, está destinado a llamar la atención. Incluso las prendas estampadas de tablero de ajedrez, que alimentaban la estética sport, eran de tamaño mini con aberturas a la altura del busto para dejar asomar la piel. La melodía hablaba del empoderamiento del cuerpo y sugería una mujer segura de sí misma. Pero las modelos emanaban “¡A los Oscar!” por cada uno de sus poros. El desfile era “ropa de celeb” al completo, lo que en la moda del siglo XXI se ha convertido realmente en una categoría, y también algo de “hombros de selfie”, postura ideal para salir bien en las fotos con el móvil. Sería un crimen que estos 'Versaces' no aparecieran en la alfombra roja de los premios de la Academia. ¿Qué posible conexión podría sugerir entre la eterna elegancia de la Condesa Greffulhe, proveniente de la alta sociedad decimonónica, y los shows de Costura de hoy en día? La obvia separación entre ambos mundos y la abrumadora brecha entre ellos –en cuanto a estilo, gusto y artesanía– da cuenta de lo difícil que se vuelve identificar, siquiera creer, la vida del siglo XXI en relación con la Alta Costura.